Oración contemplativa
“El centro del alma es Dios” (Juan de la Cruz)
¿Qué es la oración contemplativa?

La oración contemplativa es la oración que nace cuando nos hacemos conscientes de la presencia de Dios. Este tipo de oración es a la vez un don y algo que podemos practicar. Juan de la Cruz llama a este ejercicio “advertencia amorosa” y otro fraile también carmelita, el hermano Lorenzo, “práctica de la presencia de Dios.”
Este tipo de oración tiene diferentes fases. Al comienzo, la presencia es para todo el mundo inconsciente, no sabemos que está ahí, no la percibimos en nuestro mundo interno. Por ello es recomendable, en esta primera etapa, tener algún tipo de práctica que trabaje la atención como la de ser conscientes del presente. Este ejercicio de “orar con los sentidos” (pincha aquí si quieres saber más sobre él) tiene la ventaja de que lo podemos practicar siempre, sintamos a Dios o no, por lo que es útil durante todo el camino espiritual. Los sentidos se convierten en puertas a la realidad que ayudan a conectar con el ahora y por lo tanto nos hacen más capaces de disfrutar de la naturaleza, la comida y el resto de actividades cotidianas.
En esta práctica partimos de la comprensión de que Dios está siempre presente, pero que somos nosotros los que no lo estamos debido a nuestro ruido interior. Como dice Juan de la Cruz, “el centro del alma es Dios” y cuanto más habitemos el presente más nos sentiremos habitados por su presencia. En los momentos de silencio, la atención al presente (sonidos, respiración, sensaciones corporales…) ayudan a relajar los pensamientos y las emociones, lo que abona el terreno para que se manifieste la presencia de Dios.

La segunda fase de la oración contemplativa se inicia en el momento en el que ya reconocemos la presencia de Dios. Este es un descubrimiento sorprendente que marca la entrada en la práctica contemplativa propiamente dicha que Teresa de Jesús llama “oración de quietud». Esta etapa es de amor intenso, transformación y purificación. Es probablemente la etapa más larga y de mayor transformación del camino. En esta fase también se descubre el corazón o espíritu como núcleo de identidad, como centro de la persona donde habita el Espíritu. La presencia de Dios en esta etapa se siente de forma intermitente, parece que va y viene. Cuando se siente suele generar mucha alegría lo contrario que cuando no se experimenta que produce pena de ausencia.
En la tercera y última etapa, que no desarrollaré aquí, la presencia se va haciendo cada vez más frecuente hasta que se convierte en una dulce y sutil música de fondo que casi siempre nos acompaña. (Si quieres conocer más en detalle las diferentes etapas de la oración contemplativa pincha aquí)
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