Sobre mí
Al comienzo de mi vida universitaria me interesé por la espiritualidad oriental donde aprendí la práctica de la atención plena. Más adelante sucedió algo inesperado y tuve una conversión al cristianismo a los 32 años.
Desde entonces he aprendido la tradición mística cristiana con los carmelitas descalzos hijos e hijas de santa Teresa y Juan de la Cruz.
Finalmente he integrado todo y comparto contenido relacionado con la oración contemplativa, la atención plena (oración con los sentidos) y el descubrimiento de nuestra verdadera identidad. He estudiado posgrados de periodismo y de counselling y me dedico a acompañar a personas en su proceso de transformación personal.
Me crie en un hogar sin ningún tipo de creencia. Hasta el punto de que cuando cumplí los 18 años, mi padre, un exiliado de la dictadura Argentina, me regaló un libro del filósofo Bertrand Rusell llamado Por qué no soy cristiano. Todavía recuerdo su dedicatoria: “A mi hijo para que beba de las mismas fuentes que me hicieron iconoclasta, rebelde y fugitivo.”
En mi adolescencia y juventud me apremiaba el deseo de superar el sufrimiento y la búsqueda de la felicidad, algo que no sabía bien qué era, pero que intuía posible. Esta búsqueda me hizo acercarme a unas clases de meditación que ofrecía una monja budista en la universidad donde estudiaba en Inglaterra. De alguna manera intuía que esta tradición oriental podía saber algo acerca de esa plenitud que anhelaba. Aprendí durante varios años todo lo que pude de esta tradición leyendo y acudiendo a retiros con maestros del budismo tibetano, theravada y zen. Nunca me sentí budista, pero me interesaba su filosofía y sobre todo aprender la práctica de la meditación. Fue especialmente importante para mí conocer a Thich Nhath Hanh, un maestro, poeta y activista lleno de compasión a quien pude visitar en su centro de retiros en el sur de Francia. Con sus enseñanzas aprendí a practicar la meditación de la atención plena (mindfulness).
Años más tarde sucedió algo inesperado. Tuve una conversión que puso mi mundo patas arriba. Siento que lo que sucedió se puede explicar de dos formas. Una, la más racional, es que la meditación y la práctica cotidiana del silencio me conectaron con el Espíritu que habita en nuestro interior y ese mismo Espíritu me condujo al cristianismo. La otra es más poética y para explicarla sólo puedo recurrir a las palabras del profeta: “Señor, tú me has seducido y yo me he dejado seducir.” Pues sólo el amor y la fuerza del Espíritu me permitieron romper todas las ataduras y resistencias: creencias, tradiciones familiares, influencia de los amigos… todo mi mundo que no era sólo ateo sino combativamente anti cristiano. Finalmente, superando todos los obstáculos, me bauticé a los 32 años y cerrando un círculo generacional regalé a mi padre un libro del filósofo Juan Antonio Marina con el siguiente título: Por qué soy cristiano.
Desde entonces todo cambió y me empecé a interesar por la tradición mística cristiana en especial por la tradición de los carmelitas, discípulos de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, autores que comencé a leer con fruición. Me cambió la vida conocer a Miguel Marquez, actual general de la orden. Por primera vez vi plasmado en un ser humano lo que antes sólo había leído en los libros y por primera vez me sentí discípulo y experimenté lo que es la devoción. Con él hice retiros de silencio donde aprendí la oración contemplativa cristiana. También fui de peregrinación como mochilero a Tierra Santa, durmiendo al raso en el lago Tiberíades, el mismo lugar en el que pescaban Pedro y los apóstoles y en la orilla que pisaban los pies descalzos de Jesús.
La etapa final de mi vida ha sido de integración. De formarme en el acompañamiento emocional y el counselling y de acompañar a personas también en la práctica de la atención plena. En esta página comparto una de mis facetas que tienen que ver con comunicar lo que he aprendido de la oración contemplativa cristiana y de la atención plena, así como los frutos de estas prácticas que son descubrir el verdadero yo y vivir en intimidad con Dios.
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